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Según esta versión, el nombre que daban los indios Caracas a la Cordillera de la Costa no era “Guararia Repano” o “Sierra Grande” como aseguró el gobernador Juan Pimentel, sino “Wariarepano” o “Wairarepano”.

De acuerdo a esta, no existía en el idioma de los indios tal cosa como “guararia” y tampoco “repano”, sino warare, wariare, wariaret, formas locales para designar a la «gran bestia», es decir, la danta; y el sufijo colectivo –pano, equivalente a las terminaciones castellanas –ero, -ar, -al (hormiguero, palmar, cambural), sufijo que indicaba abundancia. 

Entonces, Wariarepano es lo mismo que “Dantal”, “Lugar de dantas” o donde abunda la “Gran Bestia”.

Esta versión se soporta en el experto en lenguas indígenas Renato Agagliate, quien deriva Guariarepano del cumanagoto y del chaima huarare, huariare, huariaret- posiblemente en el litoral central huairare, como en La Huaira (La Guaira), que eran variantes dialectales para referirse a la danta. Por tanto señala, Huariarepano (Wariarepano o Guariarepano) significa Dantal, Lugar de dantas o donde abunda la Gran bestia (-pano, sufijo caribe que indica abundancia, como en Tucusipano, lugar de muchos Tucusos).

Según otros, desde ciertas posiciones, las cumbres de la Cordillera recuerdan al perfil de una danta.

 

Henry Pittier, citado por William Beebe, en su libro High Jungle, también dice haber oído por boca de un anciano, que las montañas que circundaban a Caracas estaban cubiertas de densos bosques, mientras no muy lejos, en los ríos, había dantas. 

Para reforzar lo anterior, los autores señalan que los indígenas agricultores y cazadores de la Conquista, lo  que más valoraban del Ávila, era el hecho de que en sus bosques hubiesen dantas, que constituían la caza mayor y más codiciada.

Dantal o lugar de dantas
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