
Richard Delgado, palmero desde los diez años, ambientalista y montañista. Su vida gira en torno a la protección del Parque Nacional El Ávila o Waraira Repano y la tradición de los palmeros. De hecho, si le preguntas dónde encontrarlo, no titubeará en decir que la mayor parte del tiempo anda en la montaña o en la sede de los Palmeros, en Pedregal, ideando nuevos proyectos.
¿Qué significado tiene en lo personal y en lo colectivo esta tradición?

Su oficina está plegada de papeles por doquier (fechas, investigaciones, proyectos, providencias de INPARQUES), así como de libros y documentos que considera un tesoro. En una de nuestras visitas aprovechamos para conversar con él sobre la tradición de los palmeros.
Antes de comenzar la ronda de preguntas, soltó un adelanto de lo que simboliza realmente. “La tradición de los palmeros no es bajar la palma, es la fe en la palma bendita”.

En lo personal, simplificarlo en palabras es Amor. Amor al entorno, a nuestros antepasados, a nuestra forma de vivir. En otros países se matan por religiones, diferencias. En cambio, aquí, con todo y las diferencias migajosas de dos grupos políticos, no tenemos esa diferencia religiosa. Los palmeros decimos que somos los reyes de la gratuidad; primero, porque no comercializamos nada, entregamos la palma gratuitamente para que hagan las cruces; y segundo, porque permitimos que vengan ateos, judíos, evangélicos. La tradición en lo cultural somos muy amplios.
Yo veo esto como una fuente de energía eterna para transmitirla a otras generaciones, pero no en función de ir a buscar la palma, sino que ahora el amor es cuidarnos a nosotros mismos, la formación de las nuevas generaciones, y hacer un desarrollo sustentable tanto como seres humanos y en el hábitat, el bosque, que está cada día más mermado porque la ciudad lo agrede, y esa conciencia colectiva está muy escasa, de lo que debe ser el manejo de los recursos naturales.

¿Qué representa para ti ser palmero?
Un compromiso. Yo de muchacho vi que un palmero debía ser como un guardaparques, pero en múltiples oficios, en lo ciudadano, como un scout, un servidor. El Palmero es toda una vocación de servicio a la ciudadanía, a la comunidad, al municipio.
Un Palmero debe ser un ejemplo para que el municipio esté mejor, para que el Estado esté mejor, y a nivel de la nación nosotros decimos que la mayoría de los palmeros tenemos una conducta disciplinada, ordenada, en función a objetivos comunes, que es servicio. Y ahora no es solo bajar la palma, sino cómo nosotros aportamos ideas de nuestra experiencia, enriqueciendo todo ese colectivo que nos une, hacia un objetivo común. Ahorita, por ejemplo, tenemos uno: Salvar las cuencas del Parque Nacional El Ávila.

¿Desde hace cuánto eres palmero?
Eso no tiene una fecha exacta. Yo desde niño fui scout. Pero lo que más me enorgullecía era que mi papá subía a la montaña y llegaba impregnado de olores como la pesjua, que es una planta mentolada, o las orquídeas. Ese aroma de montañista es lo que lo atrajo a uno a ese misterio, esas montañas de aquella época. Imagínate un niño de seis o siete años estar metido en el bosque con su papá y sus hermanos, en la noche, para nosotros era lo máximo, nos formó, y nos dio una seguridad tremenda.

¿Cómo es el recorrido que realizan cuando van a recoger las palmas?
La ruta de los palmeros comienza desde que salimos de cada casa, es diverso, es como un afluente de río, naciente. De cada grupo de familia van y salen hacia arriba a alimentar con energía el amor a la tradición. Muchos son ateos, santeros y no creen en Jesús de Nazareth, pero suben a rendirle culto indirectamente a Jesús, que es el objetivo de la misa del Domingo de Ramos, la entrada de Jesús en Jerusalén.
Jesús para mí es mi guía, yo sí creo, soy católico practicante. Pero toda aquella suma de esfuerzos capitaliza la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.
Cuando subimos, bajamos por ejemplo por Sabas Nieves, hasta Chacao a la iglesia, para muchos esa es la ruta. Bajamos por la hacienda San Felipe, lo que hoy es Corp Banca. Era la ruta de las haciendas, que hasta los años 50 duraron en Caracas.

¿Antes de subir le piden permiso a la montaña?
Sí, y a Dios, porque esa ofrenda es para él, que fue quien creó esa palma. Hay una conexión espiritual, ese respeto por la familia y nuestros antepasados.
Nosotros cuando entramos se nos eriza la piel, sentimos una energía. Estás en otro ámbito, no piensas en Caracas, en la ciudad, en nada comercial, es como irse de este plano y estar conectado entre la palma y tú. Antes de podar hay una conexión muy fuerte, entre el palmero y la palma, nos dan esa posibilidad.

¿A qué dificultades se enfrentan?
Las únicas dificultades es que cuando tú vas sobre las pendientes, tienes que pasar picas, lo que le llaman cuencas. Hay unos elementos de riesgo que por repetición nosotros los manejamos: las orientaciones de los árboles, por ejemplo, por los años de servicio que se tiene en la actividad.
Nadie debe tomar caminos que no conoce. Nosotros por lo general cuando se camina un trecho, para poder buscar las palmas, porque quizá no están en la orilla del camino, sino en zanjones, es porque ya una persona con mucha experiencia llevó a ese grupo.
¿Cuándo suben, se dividen en grupos?

Grupos adscritos son 25, por familias, como un total de 330 personas, de los cuales solamente suben 180 personas al parque, distribuidos en distintas zonas.
Los palmeros mandamos, por ejemplo, al sector de Pajaritos tres grupos: Los Cambures, Gavilán, Los Vikingos (...) En cada grupo hay un responsable y un corresponsable. Cualquier daño que se haga, las responsabilidades son individuales, bajo una providencia. En el sector de No Te Apures hay otro grupo. En el área de Los Venados está el programa de formación, divididos en campamentos.

¿En qué sectores recolectan las palmas?
Las palmas se recolectan en los distintos sectores de la vertiente sur a la altura de la cota mil, a alrededor de los 2.000 m.s.n.m., en toda esa franja. Se podan entre las quebradas Las Adjuntas y Pajaritos, en los sectores de Noteapures y Pajaritos. A los palmeritos los llevamos a un sitio de poda por el camino de Los Pinabetes, y pernoctan en un salón grande cerca de la pista de patinaje, arriba en el teleférico.
La Cueva de los palmeros la tratamos como un lugar sagrado del cual no se deben sacar palmas. No se recolectan las palmas en el sector de la Cueva, como muchos erróneamente creen. De hecho, este lugar está prohibido por INPARQUES, porque en este lugar está la cuenca de la naciente del parque, de la quebrada Quintero.

¿Existe una forma específica de podar la palma?
Sí. La técnica que nosotros tenemos es de tradición oral. Ella (la palma) da tres hojas nuevas al año, una cada tres meses. Una que puede llegar hasta 8 metros de altura y hasta más, que es la principal, próxima a abrir; la segunda está casi al 50% de esa hoja; y la tercera, una pequeñita. La principal como va a abrir, va a buscar la luz del sol, para proporcionarle a la planta todo el proceso de fotosíntesis, tiene la pigmentación amarilla. Esa es la que nosotros tomamos. Por eso decimos que al podarla la ayudamos, porque estar en un bosque es una muerte segura que no vea luz.
Nosotros podamos es la hoja central o bandera para hacer las cruces, es decir, de las que vienen saliendo, se agarra la más grande y la planta sigue creciendo. Es como una amputación, y la otra ocupa el lugar de la que se poda. La palma nunca se extermina. Si se talara, la planta se muere, pero nosotros lo que hacemos es podar.

¿Cómo es la formación de los palmeros?
En el caso de antes, te formabas con tus abuelos, con tus papás, con el amor y los valores de la familia. Si no está eso, no tenemos continuidad. Y el otro elemento ahora, es que nosotros formamos un programa desde hace 15 años, un programa educacional, que tiene un manual, unos objetivos, que más que ir a buscar la palma, es cumplir con la promesa de mantener viva la tradición en cualquier espacio y tiempo.
Nuestros esfuerzos desde hace 30 años para acá, van concentrados en la protección de la naturaleza. No nos consideramos como buscadores de palma, sino como protectores, aunque nuestra imagen meta mensaje es “Palmero que entrega palmas”. Nosotros tenemos una herencia con la montaña y nuestro deber es protegerla.

¿Qué simboliza el logo de sus camisas?
Es un ave que se llama pico de frasco, que le encanta los frutos de la palma bendita, dejando caer la semillas, contribuyendo a su diseminación por la montaña. Los palmeros y palmeritos lo imitan cada año.

¿De dónde nace el traje típico?
El traje típico de nosotros es de la época de las haciendas. Son alpargatas como el de los de los Corpus Christi y los Diablos danzantes. En el caso de los Palmeros, como toda época en Venezuela y todas las tradiciones, tiene que ver con las haciendas porque era de la época de la esclavitud.
Esos trajes se los hacían con los sacos del cacao; con eso es que rompían las telas y se hacían los pantalones y las alpargatas; por eso el traje es caqui y alpargatas. Y eso se mantiene, la mayoría lo mantiene. Nosotros formamos a nuestros niños a promeseros con ese traje, para que no se pierda. La idea es recuperar el traje típico de los palmeros, aunque los palmeros hoy día son más abiertos en ese sentido, algunos utilizan camisas con las que se iniciaron en la tradición; ellos mismos mantienen su atuendo, sus morrales.

El Palmero quiere compenetrarse con la montaña. Si tienes dos o tres días allá arriba y agarraste el aroma de la montaña, de la pesjua, tu traje se mete con la montaña, ese traje queda allí, como el de un militar. Ese traje es sagrado. Cada uno tiene una forma de vestir; si bien no con alpargatas ni traje caqui, que no la utiliza la mayoría (los viejos sí lo hacen). También es costumbre alrededor de la palma colocar su cobija, no para marcarla, sino un sentido de pertenencia.
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¿Qué anécdotas le vienen a la memoria como palmero?
Muchas. De infante, subíamos escondidos porque se interrumpió el permiso. El Instituto Nacional de Parques nace en el año 73’. Había Ministerio de Agricultura y Cría, que era el que daba el permiso.
Una vez recuerdo, cuando tenía como 9 años, que mi papá nos llevó con él y subimos de noche. Veníamos bajando con las palmas, eran 5 palmas grandes, cada una entre 3 y 4 kilos, pero yo no las sentía, era como si me estuvieran ayudando. Como tres años después subimos nuevamente escondidos. Subíamos clandestinamente porque no teníamos permiso. Nuestro deber era subir en la noche y bajar en la misma noche para que nunca faltara la misa del Domingo de Ramos ni la procesión sin palmas.
Una vez estando con unos amigos allá arriba, en el atardecer, escuchamos unas cantimploras. Empezamos a lanzarle hojas a las palmas para taparlas porque estábamos cerca del camino de No Te Apures. Y en eso empezó a ventear, venteó bastante fuerte, y empezaron a caer hojas y hojas, después no veíamos ni las palmas. Un viento de esos buenos de la montaña. Cuando vimos, eran unos scout que iban subiendo, y cuando fuimos a buscar las palmas, cuando destapamos, había más palmas de las que nosotros pensábamos.
