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El Conde Mestiatti llamaba la atención por extraña indumentaria y su quijotesca figura, resaltando su barba larga y blanca. Con frecuencia bajaba de su fundo montado en una mula, con largas botas, para una vez llegado a Petare trasladarse a Caracas.  

Cada semana, el conde, alto de estatura, bajaba con su arreo de burros cargados de papas, y llegaba él en otro burro casi arrastrando los pies por el suelo. Luego de vender su carga de papas, se dirigía a la plaza de Petare, donde lo esperaban los jugadores con los dados truncados; o bien iba a jugar a los clubes caraqueños. Así, en poco tiempo, se esfumaban las jugosas ganancias que obtenía con la venta de la papa. Decían que jugaba hasta quedar sin un céntimo.

Mestiati vivió en su selvática “mansión” tropical casi 50 años, dedicado a la siembra y explotación del café, pero en especial de la papa y cebolla. Sus extensas actividades agrícolas, sumadas a su afición al póker, lo convirtieron en uno de los personajes más populares de Caracas, pero además alarmaron a los habitantes de Petare, quienes en buena parte lo culpaban de la merma de las aguas del Caurimare, de gran importancia para la población.

Como dato curioso y divertido, el Conde en ocasiones telegrafiaba a su primo el Rey, anunciando viaje porque estaba a punto de perder su finca en pago de dinero que debía. Entonces recibía fabulosas cantidades para que no regresara ni en pintura.

Finalmente, el 19 de julio de 1935, a los 75 años, la muerte sorprendería al conde Mestiatti hundido en las deudas. Fue sepultado en Petare. Dada su posición en la nobleza italiana, al acto de entierro asistieron representantes de los círculos diplomáticos.

Sin dejar descendencia, la hacienda caería en el olvidoLos saqueadores y buscadores de tesoro destruyeron la vivienda de este personaje, que durante varias décadas pobló al Ávila de leyenda y misterio.

La imagen del conde Mestiati 
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