
Pablo Parra "Simón Mataperro"
La mayoría de los palmeros son de la comunidad de El Pedregal, un barrio del municipio Chacao, distrito Sucre, estado Miranda. En este lugar, además, es donde la Asociación Civil Ecológica Palmeros de Chacao, tiene su sede.
Ellos heredaron de sus antepasados una fe, una promesa, que han logrado mantener viva a través del tiempo. Descienden de los primeros habitantes que trabajaron en haciendas de café importantes como la de Blandín y que, con el tiempo, se fue poblando hasta llegar a lo que es hoy.
Pablo Parra, mejor conocido como Simón “Mataperro” es uno de ellos. Ha sido palmero desde 1952, cuando tenía alrededor de 10 años.

Simón “Mataperro” fue una de las personas que participó en la subida de la Cruz de los Palmeros. Así relató parte del emblemático acontecimiento:


Ramón Delgado "Cara e` Caballo"
Uno de esos nombres que resuena en la comunidad y que la llenan de orgullo es, sin duda, Ramón Antonio Delgado Blanco, palmero mayor, quien se inició en la tradición a los 10 años y hoy con 89 años continúa con el mismo espíritu que lo impulsó en aquel entonces.
Además, es presidente de la Asociación Civil Ecológica Palmeros de Chacao, desde donde pone todo su empeño y corazón en cultivar la tradición a los más pequeños.

Una de las razones que inspiró a Ramón a adentrarse en la tradición, es que casi todos sus familiares han sido palmeros, y cada vez que subían a la montaña, estaba deseoso de verlos. Además, desde siempre ha sido muy católico y aseguró poner en práctica las oraciones de sus antepasados (oraciones para protegerse de las serpientes, de los asaltantes); aunque entre risas señaló que el ladrón más grade que antes se conocía era un ladrón de gallina.
Ser palmero no es tan fácil como parece, pues a su parecer se requieren varios ingredientes: tiempo, sacrificio, dedicación y amor por la tradición.

Su profundo amor por la tradición , Ramón se los traspasó a su hijo Richard Delgado, secretario general de los Palmeros de Chacao. Se inició como palmero desde pequeño, alrededor de los 7 años, y contó que lo que más lo enorgullecía era que su papá subiera a la montaña.
Richard Delgado

Palmeros desde niños
Tengo 65 años subiendo al Ávila y fue por iniciativa propia, no porque me lo hayan inculcado como nosotros estamos ahorita entrenando palmeritos para que sean nuestro relevo. Yo subí al cerro como por un experimento, subíamos por los lados de Tarzilandia. Para mí significa una tradición, una promesa, que no voy a dejar de subir hasta que claudique .
Yo llevé un tubo de agua. Yo no sabía cómo era, porque había subido para las palmas, pero no para la cruz, y se me ocurrió llevar un tubo, de esos de aluminio de 6 metros. Cuando llegué a una parte que llamaban “Los cincuenta metros” tenía unas ganas de tumbar el tubo barranco abajo. Sin embargo, llegué con mi cruz a cuestas .
Yo comencé a la edad de 10 años. Me fui a la montaña, quería vivir lo que eran los Palmeros. Esto (Caracas) eran puras haciendas, cañaverales, monte y culebra. Yo los sentía gritando y cantando, pero no como ahora, que no solamente sentimos la satisfacción de haber continuado con esta tradición, sino que contamos con una tradición que sabemos que traerá paz y unidad, que es lo que realmente reciben todas las personas que vienen a recoger su Palma el Domingo de Ramos .
Cuando comenzamos a subir nos fuimos incorporando lentamente, me fui empapando con todo lo que es la montaña, lo que era la palma, el lugar donde habita, cómo encontrarla, cuál era la que se podía podar, a qué edad .
Llegaba impregnado de olores como la pesjua que es una planta mentolada; de las orquídeas. Es el aroma de montañista lo que me atrajo a ese misterio de esas montañas de aquella época. En aquel entonces nadie subía para el cerro, muy pocos. Imagínate un muchacho de seis o siete años estar metido en un bosque, con su papá, sus hermanos… Para nosotros era lo máximo y esto nos formó y nos dio una seguridad tremenda .