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Quizá uno de los aspectos que le da valor a esta tradición, es que ha logrado mantenerse viva a través del tiempo, a pesar de las dificultades que le tocó sortear, pues no siempre fue la misma cruz que hoy conocemos ni estuvo en el mismo lugar.

La idea de la Cruz 

El ingeniero norteamericano Ottomar Pfersdorff fue quien tuvo la idea de colocar una cruz en el Ávila. Su proyecto fue presentado en 1948 ante la directiva de la Electricidad de Caracas, en el cual se planteó colocarla en el Hotel Humboldt. Sin embargo, no fue sino hasta 1963 cuando concedieron el permiso para utilizar la estructura con este propósito.

Juego de luces y sombras 

En relación a cómo fue acogida la idea por la comunidad caraqueña, comentaría Zuloaga:

Específicamente fue el 1 de diciembre de 1963 cuando se encendió la primera cruz en el Hotel Humboldt, en lo alto del Ávila, que marcaba el inicio de la Navidad. Se utilizaron las ventanas iluminadas del Hotel que estaba desocupado.

La figura de la cruz se formaba por la luz de treinta habitaciones que se encendían, del primero al decimocuarto piso, y se cerraban las cortinas de otros cuartos, para así completar la imagen de una cruz de alrededor 33  metros de alto apreciada desde la ciudad. Un muy buen efecto de luces y sombras que incluso llevó a creer a muchos que estaba construida en la propia fachada del hotel.

A pesar de tan relevante acontecimiento, las primeras planas de los periódicos de la época no lo reseñaron, pues estaban ocupados en torno a los comicios presidenciales de ese año, en las que resultó ganador Raúl Leoni.

Para hacer posible la primera cruz en el Humboldt, se utilizaron 146 bombillos de 100 vatios y en el tope 6 reflectores de luz intermitente de 1.000 vatios cada uno. El consumo diario de energía se calculaba en 384 kilovatios por hora. Fue precisamente el alto costo energético que ocasionaba el encendido de las decenas de habitaciones, lo que obligó a buscar otra alternativa. Sin embargo, esta experiencia se repetiría durante los siguientes dos años.

En la antena de VTV 

En 1966, se requiere cambiar de lugar a la Cruz. La Electricidad de Caracas obtuvo los permisos que autorizaban su reubicación, en la enorme torre-antena del canal 8 (CVTV-hoy VTV), con unos 96 metros de altura. 

Para hacer posible la figura de una cruz, se le debió anexar un “brazo” para formar la estructura horizontal. Se encontraba en el Topo Los Mecedores a 1.760 metros de altura, aproximadamente a un kilómetro de la actual, y a unos 150 metros de más sobre el nivel del mar. Su altura era de 30 metros de alto y su ancho de 20 metros, constaba de 120 lámparas fijas de 150 vatios cada una y 4 lámparas de destello de 1.500 vatios. Para su encendido eran necesarios 24 kilovatios por día.

Su instalación fue toda una odisea, pues debieron trasladarse más de tonelada y media de material para erigir la cruz luminosa. Para ello se utilizaron medios diversos: furgoneta del teleférico hasta El Papelón, jeeps y tractores hasta el asiento de la torre antena del canal 8. Esto sin contar la carga de vigas, cables, lámparas y guayas a través de picas y cuestas castigadas por la neblina y la lluvia que hacían fangoso el terreno.

En el Papelón 

El diseñado de la actual Cruz está inspirado en el de una antena de transmisiones y destaca por ser la más grande de las tres cruces que han iluminado El Ávila, pues la del Humboldt medía 33  metros y la de Mecedores solo 30, además por poseer estructura propia. Sus dimensiones permiten que pueda ser contemplada desde cualquier punto de la capital.

La cruz del Papelón posee 37 metros de alto y 18 metros de ancho. Anteriormente, tenía 74 bombillos reflectores de 150 vatios cada uno, que en 2009, a raíz de la crisis energética que atravesaba el país, fueron sustituidos por 144 bombillos ahorradores, pasándose de luz amarilla a luz blanca.

Se escoge la fila de Papelón como el nuevo lugar de la Cruz, pues a pesar de estar más bajo a nivel de altura (1.530 m.s.n.m.), está despejado la mayor parte del año, lo que la hacía visible desde muchos lugares de la ciudad; y cumplía con otros importantes requisitos: no era tan lejano y además recibía servicio eléctrico.

Anteriormente, el camino hasta la Cruz de Papelón no era como el que hoy conocemos, sino toda hazaña. Así se describiría en aquel entonces la subida hasta la Cruz.

En principio, hubo dudas si la Cruz debía permanecer encendida durante todo el año o solo en la Navidad, pero finalmente se decidió esto último.

Fue por esta época también cuando comenzó la tradición de nombrar a un niño para que oprimiera el botón que simbólicamente da inicio a la Navidad.

La cruz permaneció aquí hasta 1980 cuando se decide buscar otro lugar donde ubicarla y además dotarla de una estructura propia y definitiva, pues en Los Mecedores existía el problema de una gran cantidad de neblina que se condensaba y la tapaba mucho, impidiendo que fuera contemplada desde muchos lugares de la ciudad.

Un equipo de la Electricidad de Caracas fue el responsable de construir la estructura de acero galvanizado que desde 1981 y hasta hoy día ilumina las navidades caraqueñas, cerca de las líneas del teleférico. Cabe destacar, que el transporte de los materiales para su instalación se hizo utilizando el teleférico de servicio.

El camino actual se encuentra terraceado, según por trabajos que se encuentran realizando para el sistema teleférico. El el momento de este trabajo no encontramos quien nos hablara al respecto.

Camino del Papelón
Tres cruces, tres lugares diferentes

El ingeniero Pfersdorff nos planteó la idea, el hotel Humboldt estaba cerrado y si nos permitían que abriéramos unas ventanas verticalmente, otras horizontalmente y poníamos bombillos en esos cuartos, la estructura asemejaría a una cruz. Nos dijimos ´vamos a pedir permiso´ y así lo hicimos, resultó estupendo, la Cruz se veía grandiosa en lo más alto de El Ávila (...)      , señalaría Ricardo Zuloaga, fundador de la Electricidad.

(...) Tuvo un efecto en todos muchos mayor del que nosotros mismos habíamos considerado, de manera que inmediatamente se convirtió para los caraqueños en parte de la ciudad y en un símbolo de la Navidad (...)      .

Llegar hasta ella implica destreza física o gran pericia al volante, porque subir a Papelón no es tarea sencilla. Caminando o en vehículo, es una oda al esfuerzo y el deseo inagotable por alcanzar la cumbre para contemplar su impresionante figura     .

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